jueves, 16 de febrero de 2012

Inhalando


La panorámica de torres de concreto con el dorado telón del atardecer inspira al sosiego. No puedo pensar en nada lúgubre ni profundo siquiera, es solo una bella postal que puedo admirar gracias al que pensó en ahorrar electricidad aprovechando la iluminación natural a través de esos vidrios. Al verlos por primera vez supe que no sería el mejor lugar para crear. Imaginé que no saldría más inspiración que la del silencio de los rascacielos vistos desde lejos, el transitar de los afanosos trabajadores de oficina, cual hojas secas a punto de quebrarse por cargar con el mundo a sus espaldas y el monótono desfile del embotellamiento. Necesito más que eso para encender la chispa en mi cerebro.

Ahora una cálida ráfaga, de antes conocida pero ahora inesperada, me inyecta su aliento y acaba con el frío; no tengo que verla para saber que está ahí. Cada vez que me rodea esa quietud donde todo el que pasa me es invisible y sólo estoy yo junto al papel, está esa brisa forzándome a levantar la mirada y buscar su fuente. No lo nota, no lo sabe siquiera y tal vez no le importe, pero no es su culpa; sólo existe, en eso radica su perfección, sigue su día, su jornada, pero percibo su tibio hálito como un manto caído del cielo en una fría madrugada. Mi mente creativa duerme perezosamente en esa caja de vidrio hasta que esa brisa conocida la despierta con sus manos invisibles, fogosas, intocables.

Es sólo aire, a veces con una paz interminable, a veces con una furia elegantemente disimulada, pero siempre que pasa me deja huellas: desordena mis papeles, me nubla la vista o me arranca el abrigo; es libre, no obedece, no insiste en quedarse, no se deja atrapar de nadie; sólo pasa, lentamente lo siento acercarse, no tengo que verlo para saber que estará tan cerca de mí que no podré disimular el excelso bienestar que me produce, junto con la decepción de saber que así como lleva a mis venas esa vitalidad adictiva, así de rápido se irá, a levantar las ordinarias hojas secas que en lugar de ensalzarlo, chasquean quejosas ante su intransigente caminar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario