0635: Un extraño calor en mi pierna me despierta. Dejé la computadora encendida anoche, perdón, hoy en la madrugada. El escritor en cautiverio tiende a menospreciar las horas de sueño y a rogar porque su necesidad de descanso se reduzca. Cada minuto desperdiciado en otra actividad nos hace tener pesadillas con entregas tardías al corrector de estilo, la larga espera del proceso de editar y revisar que no puede tomarse a la ligera, la interminable angustia de decidir el arte de portada, y rogar porque la imprenta no sufra mayores inconvenientes.
0645: Las cafeteras deberían venir empotradas a la cama, como si fuesen una lámpara de día. La máquina está congelada, como si fuera poco. Me pregunto qué hace el resto de la humanidad mortal un día como hoy, donde no se puede hacer nada en el mundo laboral.
0700: Necesito un sinónimo para "amigos", pero cada vez que se me ocurre alguno veo a Dumbo columpiándose en la telaraña de Charlotte. ¿O será Babar? Pocos recuerdan a Babar, el rey de los elefantes. A su madre la mató un humano, reemplazó a un rey que comió hongos venenosos y se casó con su sobrina. Hablando de historias para niños y de padres inocentones que juran que saben escoger lo mejor para sus hijos.
0900: Es difícil enseñarle a tu socio lo que puedes visualizar antes que él lo haga. Veo el proyecto en mi mente, cómo quedará cuando esté listo, a él le cuesta verlo. Pocos afortunados tienen la capacidad de dibujar en su mente lo que tanto anhelan encontrar. Ambos se enfrascan en el mismo proyecto, pero cada uno se sumerge en nivel distinto de entrega. Tal vez sea yo la descompensada, nada nuevo bajo el sol. Siempre hay algo mejor que hacer que escribir, a menos que seas escritor.
1000: Los programas de televisión siguen la normalidad de la semana. Extraño esos buenos días en que Viernes Santo era sinónimo de música suave y cero bullicio. Asomo a la ventana y un borrachín da los buenos días al poste de electricidad frente al basurero.
1050: El teléfono celular debe descansar. No creo que haya algo más importante hoy que hablar que la reflexión y el camino con el madero de tormento. La Biblia me produce escalofríos, pero los evangelios están colmados de buenas reflexiones y lecciones para la vida. Las parábolas de Jesús tienen tanto sentido que ni los ateos niegan sus moralejas. Me gustan además los proverbios y el eclesiastés de Salomón. "Hay tiempo para todo".
1100: Si carecemos de condiciones físicas para levantar pesas, se evidenciarán los años de falta de entrenamiento. Así vive en carne propia el escritor novato cuando se percata de su remediable pobreza de vocabulario, a la hora de plasmar en caracteres y vocablos sus ideas, el fondo resulta precioso, la forma, cuestionable. Un simple ejercicio protege de tal limitación: la lectura. Si el precio a pagar en mis años de crecimiento por leer fue aislarme de los carnales, aliados, conocidos, camaradas, compañeros, valió la pena. Ahora los amigos verdaderos que tengo me aprecian por compartirles mis palabras cuando las necesitan.
1200: No hay suficiente shiraz en la nevera para todo lo que falta por escribir. Es hora de un buen almuerzo. El libro que estaba leyendo hace dos días me mira cual niño abandonado. "Ven a pasar tiempo conmigo". Pero debo seguir, aunque al pasar una segunda vuelta por las palabras escritas anoche me saben a vino amargo. Escribir es agónico, carecer de la privacidad necesaria para hacerlo implica ingeniárselas. Música, encierro, prudentes y sanos recesos para acariciar a un pequeño cuadrúpedo y ejercicios físicos de estiramiento para no morir de un tromboembolismo por inmovilidad son los coadyuvantes invaluables de este duro camino.
1310: Faltan cinco meses para el gran evento, la fiesta más esperada del año. Todo fue tan fluido con el primero. Quizá porque esas cartas ya estaban escritas en mi cabeza durante todos esos años. Este se está convirtiendo en una espada de Longino, ¿o de Damocles? depende de quién juzgue. Mis dedos no trabajan a la velocidad necesaria, estoy agotada. Dormir por las tardes y crear por las noches me está desajustando el hipotálamo. No es un buen signo que me dé sueño cuando veo salir el sol. Mi nariz me recuerda que debo tomar un baño.
1335: Descanso la vista y desempolvo mis libros. Pronto tendré que inventar una nueva forma de acomodarlos. Observo mi versión de "Los Miserables" de coleccionista. Qué clase de escritor fue Víctor Hugo... ¡diecisiete años! el tipo tardó ese tiempo en terminarla y publicarla. Tamaña tortura para que después sus coetáneos lo mandaran a freír espárragos. Claro, pero ni Las Flores del Mal ni Madame Bovary se le pueden parar al lado en trascendencia.
1400: Esta amorfa composición está tomando estilo poco a poco. Puedo verlo, cada día y hora más. Igual es inútil, es posible que las páginas que más me entusiasmen sean las que menos sentido tengan, las que sean cercenadas en la edición. Muchos alabaron mi primer libro, yo sigo pensando muy de vez en cuando en esas noches en que releía todo otra vez y decía: "esto va a ser un colosal descalabro. Al fin y al cabo, eso lo deciden los lectores. En sus manos encomiendo mi espíritu.

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